¿Ahora SÍ? Artemis II y el futuro espacial de EE.UU. de América

Por Diego Bagú - 20 de abril de 2026


Han pasado ya unos días de la histórica y excelente misión espacial Artemis II, aquella que permitió a la Humanidad regresar a circunnavegar la Luna luego de más de medio siglo. Y desde ya, podemos arribar a numerosas conclusiones para analizar el futuro a cercano y mediano plazo por parte de los Estados Unidos de América.

Quienes bien conocen nuestra actividad en la divulgación científica saben que hemos sido -lo somos- muy críticos con el derrotero de la NASA a lo largo de los últimos años en lo que respecta a su programa tripulado. Si hace algo más de una década me hubiesen comentado que los Estados Unidos de América se quedarían sin naves espaciales para llevar a sus astronautas tan sólo a la Estación Espacial Internacional y que, por lo tanto, tendrían que alquilarle durante largos nueve años a los rusos un asiento en las Soyuz, no lo habría creído de ninguna manera. Pero el Sol no se puede tapar con la mano y la realidad del "Uber Espacial" ruso a razón de 80 millones de dólares el asiento tuvo lugar desde 2011 -año en que se retiraron los transbordadores espaciales- hasta 2020, momento en que la primera Crew Dragon de SpaceX inauguró una nueva etapa de la astronáutica.


https://youtu.be/SdLqWtI2ZoM?si=XHJ-wRGUhOLYDl36


Durante nueve largos años (2011-2020) la NASA no tuvo naves propias para enviar astronatuas al espacio. Fue un período en el que EE.UU. alquilaba asientos a los rusos en sus naves Soyuz a razón de 80 millones de dólares la butaca.

Decenas de veces hemos comentado que, en realidad, estos "idas y vueltas", avances y retrocesos de la NASA en cuanto a sus proyectos tripulados no deberían endilgarse tanto a la gestión propia de sus administradores sino principalmente a todos los presidentes estadounidenses desde fines de los 80 en adelante. Desde Bush padre hasta el actual Donald Trump, en más de tres décadas cada uno de los huéspedes de la Casa Blanca se encargaron de cambiar parcial o totalmente las políticas espaciales de su antecesor. Bien sabemos en Latinoamérica -y en tantas otras regiones del globo- el alto costo que implica el no mantener políticas de largo plazo. Y por supuesto, los administradores de la NASA no son más que gestores y funcionarios de dichos mandatarios.


En mayo de 2020 ya comentábamos esta misma situación. Pueden ver un extracto del vivo emitido en aquel momento en este link:                                                                                 https://youtu.be/hnA2XTZDdH8?si=BsZKK6tqsc1THHDP


Fue así que durante más de 30 años, aquella agencia que supo coronarse de laureles a partir de toda una nación detrás del proyecto tecnológico más extraordinario de todos los tiempos (el Programa Apollo), se fue deshilachando, aminorando ese ímpetu de grandeza engendrada en aquellos años 60. Claro está; aquella motivación inigualable para lograr caminar en la Luna en menos de una década respecto al primer vuelo suborbital de tan sólo 15 minutos de Alan Shepard se desarrolló ante una feroz contienda geopolítica en el marco de una Guerra Fría entre ambas superpotencias separadas tras la "Cortina de Hierro". Y aquí es en donde reside la clave para hacer referencia al título de este artículo; para autopreguntarnos ¿ahora sí? En otras palabras, ¿estamos viviendo un cambio de época en la agencia espacial estadounidense?

De lo que estamos absolutamente seguros -por supuesto, a riesgo de equivocarnos- son de algunos aspectos que quisiéramos compartir con cada uno de ustedes, a saber:

  1. Esta nueva etapa de la NASA enfocada en su regreso tripulado a la Luna se debe pura y exclusivamente a la carrera espacial lunar que está experimentando con China. Muy a mi pesar, nuevamente la geopolítica es la que "marca la cancha", la que impera indefectiblemente por sobre la ciencia y la curiosidad, la cual nos identifica como sapiens.

  2. Lo que hace unos años podía observarse como cierta ventaja -en términos de avance- por parte de la nación estadounidense respecto a la superpotencia asiática, hoy nos encontramos cercanos a un "empate técnico".

  3. Mientras China, por sus características sociopolíticas intrínsecas, logra mantener políticas científico-tecnológicas a muy largo plazo, la superpotencia norteamericana se ve interpelada sistemáticamente por las coyunturas electorales propias de las democracias occidentales. No puedo dejar de mencionar/aclarar que no estoy haciendo juicio de valor alguno; simplemente estoy describiendo una situación.

  4. A fin de lograr un triunfo en esta nueva contienda, los EE.UU. de América no tienen chance alguna de lograr tal cometido si no cambian la manera de gestionar su programa espacial. Léase, deberán ahora sí implementar un rumbo fijo y mantenerlo más allá de sus próximos presidentes, dejando de lado al menos por un buen par de décadas los volantazos repentinos.

Ante toda esta situación descripta, y luego de numerosas "idas y vueltas" por parte del presidente Trump en cuanto a su elección para la administración de la agencia espacial, consideramos que la figura de Jared Isaacman es más que apropiada. Este emprendedor y viajero espacial (ha participado ya en dos misiones a la órbita baja terrestre) más que darle una "lavada de cara" a la NASA lo que necesita es hacerle directamente un "transplante facial". Y así lo está haciendo, claro está, bajo el total apoyo -y directivas- de su presidente.


Jared Isaacman, actual Administrador de la NASA


Con Isaacman a la cabeza, la NASA se está enfocando netamente en su regreso tripulado a la Luna, implementando una serie de cambios respecto a lo que oficialmente estaba planteado hace tan solo dos meses. En tal sentido, podemos mencionar:

  1. La misión Artemis III (¿2027?) originalmente pensada como el primer alunizaje tripulado del siglo XXI, pasa ahora a ser una misión de prueba de acople entre la nave Orion y el futuro HLS, es decir, el alunizador, la nave con la cual los estadounidenses descenderán en la superficie selenita.

  2. Artemis IV (¿2028?) pasa ahora a convertirse en la misión que tendrá como objetivo ni más ni menos que el tan esperado alunizaje.

  3. Se implementará una serie de varios lanzamientos a fin de enviar a la superficie lunar diverso hardware con el objetivo de probar numerosas técnicas y sistemas esenciales para una futura base lunar.

  4. Queda sin efecto alguno la tan mencionada estación espacial en órbita lunar Gateway.


Respecto de este último punto también en más de una ocasión hicimos referencia al sinsentido que apreciábamos en este proyecto. No sólo observábamos un enorme "doble esfuerzo" en desmedro de orientar todos los recursos financieros y humanos en una base lunar (en superficie lunar) sino que, a su vez, y teniendo en cuenta uno de los proyectos que se planteaban para lograr el alunizaje (hacemos referencia a la MoonShip de SpaceX, uno de las dos propuestas que existen en la actualidad), resultaba totalmente irrisorio y hasta peligroso por cuestiones netamente de ingeniería, el acople entre este navío y la propia Gateway.


Imagen conceptual de la MoonShip de SpaceX acoplada a la estación orbital lunar Gateway. El tamaño de la primera es igual o superior a la segunda, lo cual hubiese implicado diversos y serios problemas estructurales.


Pues bien, desde nuestro humilde punto de vista era cuestión de tiempo el dar de baja a la Gateway. Desde ya, esto implica un alto costo, particularmente en lo que respecta a las relaciones que la NASA mantiene con sus socios internacionales. Vale mencionar que estos "inconvenientes" la agencia espacial estadounidense los ha minimizado por completo. Tan es así que en la histórica misión Artemis II, la cual parte fundamental de la misma reside en el módulo de servicio diseñado y fabricado por la ESA (Agencia Espacial Europea) de la tripulación no formó parte ningún astronauta de dicha agencia, dándole lugar a un canadiense como único tripulante no estadounidense.

En lo que hace a esta última misión, y luego de una serie de aplazamientos, Artemis II tuvo lugar del 1 al 11 de abril pasado, permitiéndole a la NASA no sólo respirar más aliviada sino, y muy particularmente, brindarle un gran espaldarazo en vistas a un futuro cercano. Ese futuro cercano, a muy corto plazo, que la obliga a enfocarse seriamente en un único objetivo: que dos astronautas estadounidenses -la primera mujer incluida- caminen nuevamente en polvoriento regolito lunar. Eso sí, falta un único pero enorme escollo en ese camino: ni más ni menos que diseñar, construir y elegir el próximo alunizador. Hay dos contrincantes que disputan tan ansiado cetro: SpaceX con su MoonShip y Blue Origin con su Blue Moon Mark 2. ¿Quién ganará la contienda? Aún no lo sabemos. Pero de lo que estamos seguros es que la NASA deberá realizar la elección en los próximos meses.


De izquierda a derecha, comparación entre la MoonShip (SpaceX), Blue Moon Mark 2 (Blue Origin), y el Módulo Lunar Apollo (Grumman).


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